Carlos Vela, la nueva joya de la corona en la MLS

Sufre el aficionado al fútbol cada vez que le ponen un micrófono a Carlos Vela y declara que no le gusta ver fútbol, que prefiere mil veces estar pendiente de un partido de la NBA o haciendo cualquier otra cosa antes que ver lo que ocurre sobre un terreno de juego en el que él no está presente. Ese aficionado sufre porque además es consciente de que Carlos tiene un don, un talento natural para jugar al deporte rey del que nunca se sabrá si se ha mostrado en su total plenitud o sólo a cuentagotas. Es muy chocante ver que en un fútbol profesionalizado hay tipos como el mexicano, sonrientes en cada plano corto, disfrutando del fútbol en su sentido más puro, el del juego antes que el de la competición.

Desde México su decisión de hacer las maletas y cambiar San Sebastián por Los Ángeles ha sido percibida como un paso atrás, al igual que las de los hermanos Dos Santos, ahora rivales en LA Galaxy. Con 28 años -la edad ideal para un futbolista- y su talento de serie, de Carlos se esperaba que llevara a México a tener un papel importante en el Mundial de Rusia. Su fichaje por Los Ángeles, equipo que debuta este año construido sobre las cenizas dejadas por Chivas USA en California, no es más que otro motivo para la incomprensión del aficionado al fútbol, incapaz de categorizar al de Cancún, tan poco similar a cualquier otro futbolista.

Su magia con el balón de fútbol no pasó inadvertida en su momento para Arsène Wenger, que rápidamente lo reclutó para el Arsenal. Lo cedió varias veces para foguearlo e incluso llegó a lucir el 11 en el Emirates, pero no consiguió sacar de él esa regularidad que exige la élite europea, como tampoco lo hizo con Andréi Arshavin. Pensar en lo que hubiera podido ser un equipo del fútbol con Carlos y Arshavin mostrando sus lujos de una forma continua durante varias temporadas es un mero sueño, porque los dos pertenecen a una clase de jugadores alejados del deseo burocrático. Como buenos artistas, sólo ofrecen lo mejor de sí en dosis aleatorias, alejándose de ese imposible que implica ser un genio burocrático, al estilo Messi, brillando cada tres días sin desmayo.

Carlos pasará ahora a estar bajo las órdenes de Bob Bradley, veterano entrenador y conocedor de los secretos que esconde la MLS. A pesar de haber sido seleccionador de EE. UU. y haber dirigido en varios países, resulta difícil encontrar un jugador que haya estado a sus órdenes que se asemeje al mexicano, principal jugador franquicia de Los Ángeles, a excepción quizá de Hristo Stoichkov, a quien tuvo en Chicago Fire.

Bob Bradley buscará sacar el mejor rendimiento posible de Carlos, premiado con un jugoso contrato, cerca de su México natal y cerca de esa NBA que tanto le gustaba ver desde la TV en España. De ellos dos depende que el primer año de Los Ángeles en la liga sea un éxito y puedan alcanzar los playoffs como primer objetivo, y de demostrar al aficionado, ya sea mexicano, español o luxemburgués, de que Carlos no ha firmado el primer paso hacia su jubilación eligiendo la MLS, sin dejar de pensar en el Mundial en el que, por edad, el cancunense debe lucir en todo su esplendor.

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