Almirón, la estrella de rock paraguaya que conquistó Atlanta

Acomodó el balón que le dio Gressel desde el flanco derecho, levantó la mirada, se fijó en la escuadra derecha de Ousted y en menos de dos segundos más de 72 000 personas estaban gritando su gol, preciso y violento al mismo tiempo, la confirmación de que el triunfo no se iba a escapar ante DC. Miguel Almirón empieza a tener consideración de autoridad en Atlanta, donde se refieren a él como Miggy, el cabeza de cartel de un trío al que acompañan Villalba y Martínez, también estrellas como él, todos a la espera de formar un cuarteto idílico con el imberbe Barco, que se hace de rogar desde la enfermería con una inoportuna lesión muscular.

Ya en Argentina, Almirón estaba considerado como uno de los mejores futbolistas -si no el mejor- del torneo cuando defendía la camiseta de Lanús. La llamada del Tata Martino para unirse a un proyecto nuevo, sin historia pero con miles de personas empujando desde las gradas, lo convenció para aterrizar en la MLS. Su presencia en EE. UU. es un paso temporal, según muchos, para un futuro prometedor en Europa en cualquier equipo de élite. Incluso, su salida de la liga puede ser un momento definitorio en la historia de la misma, pues se confirmará como trampolín de jóvenes talentos enterrando para siempre la etiqueta de liga de retiro que le ha venido acompañando de forma permanente. La situación de Almirón se puede repetir en otros equipos (Gamarra en los Red Bulls, Herrera en New York City, etc.) y las aficiones estadounidenses lo saben, por eso se entregan sin reservas a quienes llegan para potenciar su trabajo. En la MLS el presente se valora, y  eso se nota en el Mercedes-Benz cuando bate récords de asistencia semana tras semana, cuando surgen cartulinas gigantes con los rostros de sus jóvenes figuras o cuando ruge mientras salen llamaradas del fondo del estadio cuando Almirón (o Martínez, o Villalba) rompen las redes rivales.

Su exhibición frente a las Águilas Negras de DC fue el primer bocado de una temporada en la que los rojinegros quieren aspirar al título, tomando nota de los errores cometidos en el pasado, tanto durante la temporada regular como en los playoffs. Además de castigar a los centrales cada vez que abandonaba la banda izquierda para asociarse con Villalba y Gressel, Almirón también se dejó ver echando una mano en el trabajo defensivo a Larentowicz o González Pírez, mostrando ya signos de evolución notable atribuibles al Tata Martino, ídolo, mentor y guía en la maduración del contingente latino presente en el estado de Georgia. Como futbolista, Almirón es bastante más completo que en el mes de marzo de 2017, sin perder por el camino ni un ápice de su calidad ni de su elegancia.

El fútbol del mediapunta paraguayo no sólo lo celebran en Atlanta. Ben Olsen, víctima desde el banquillo de las diabluras del asunceno, reconoció sin ambages que “Almirón es uno de los mejores jugadores que he visto en esta liga“, algo que tiene cierto valor, teniendo en cuenta que lleva casi 300 partidos como entrenador y varios cientos más como futbolista, todos en DC United. “Almirón y sus compañeros te castigan y atacan con mucha rapidez“, se lamentó mientras hacía referencia a ese estilo vertical que luce Atlanta por momentos y desarbola a la gran mayoría de los rivales que han pasado por el Mercedes-Benz. Lo de Almirón y compañía es puro rock and roll, exactamente lo que demandaban los más veteranos del equipo después de ser sorprendidos por Houston en el debut: buscar de forma directa la meta rival y, con el marcador a favor, gustarse si procede. Nadie recuerda ya que el 10 falló un penalti en aquel partido.

Evidentemente fue un buen gol“, dijo el central de DC Birnbaum, asistente en primera fila al trallazo desde la frontal, estresado también por tener que andar vigilando al venezolano Martínez, mientras Almirón pasaba el rato firmando autógrafos y haciéndose fotos con los aficionados que no tenían prisa por volver a casa. Quién sabe por cuánto tiempo, en Atlanta hay una estrella que no sólo destaca en lo suyo, sino que también sabe cuidar a su audiencia esté en el estadio o frente al televisor. Fueron 72 035, pero la próxima jornada pueden ser aún más los que sumen a la fiebre por Almirón y su banda de rock.

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