La nueva realidad de Ibrahimovic

Ibrahimovic llegó, vio y venció. La crónica de su primer fin de semana con la camiseta de LA Galaxy estuvo a la altura del delantero sueco, que había acaparado toda la atención mediática del entorno de la MLS desde que se hizo oficial su fichaje por el equipo de Carson. Con un día de entrenamiento, Ibrahimovic salió del banquillo en el derbi angelino y terminó de levantar en 20 minutos el sonrojante 0-3 que llegó a lucir el marcador del StubHub Center. Con un gol de videoteca, remontada ante el nuevo rival ciudadano y una semana más asegurada llevándose los titulares, la estampa final de su partido de debut fue una piña en el centro del campo con todos los jugadores galácticos celebrando el triunfo y conjurándose. Entre los gritos de euforia se escuchó la palabra remontada, no sólo referida al partido que acababa de terminar, sino también a la tarea que tenía por delante LA Galaxy. Fue una remontada para soñar con recuperar la grandeza y el orgullo perdidos durante un 2017 que fue el peor de su historia y un inicio de 2018 que también dejaba ciertas dudas. No había motivos para que la ilusión no se desbordara, incluso daba la sensación de que los Galaxy volvían a ser un equipo candidato al título.

Casi dos meses después, Ibrahimovic ha tenido tiempo para recuperar por completo la forma física después de su larga inactividad en el Manchester United, pero la realidad ha devuelto a los Galaxy a la mediocridad de la que no ha conseguido escapar desde que Bruce Arena abandonó la franquicia. El segundo partido del delantero de Malmö fue frente a Kansas City, también en casa, y sirvió para enmarcar mejor el escenario en el que tendrían que desempeñarse tanto Ibra como su equipo. Entró en la última media hora, con el Sporting ya por delante en el marcador, y su simple presencia volvió a ser un imán para recibir el balón en cada jugada de ataque, terminando casi siempre en malas elecciones de disparo en posiciones demasiado sencillas para Tim Melia, uno de los porteros de referencia del campeonato, a quien no le temblaron los guantes como una semana antes había sucedido con el aurinegro Miller. Esta vez no hubo remontada y sí un 0-2 en casa.

Desde que aterrizó en Los Ángeles, Ibrahimovic ha pasado a ser una figura pop dentro del ecosistema de la ciudad, presente en late nights en los que rara vez se había hecho hueco a un futbolista, aunque también ha supuesto un terremoto para Sigi Schmid, que de repente se encontró con una situación en la que tenía que dar una vuelta de tuerca al sistema que había diseñado para los Galaxy a principios de temporada. Schmid había fichado a Ola Kamara para ser la clara referencia en ataque y había advertido que no quería ser otra cosa que un nueve, Giovani dos Santos tenía que ser el enganche con su hermano Jonathan distribuyendo en el doble pivote y en la banda parecía dispuesto a asentarse Emmanuel Boateng. De repente, Ibra aceleró su adiós del United y tocaba rediseñar todo sobre la marcha.

La propuesta de Ibra y Kamara como dos nueves puros no terminó de funcionar, los hermanos Dos Santos alternan lesiones musculares que les impiden tener continuidad, llevando a su equipo a improvisar soluciones, y Boateng ha terminado cayendo del once titular mientras Alessandrini y Lletget intentan acaparar méritos para seguir siendo tenidos en cuenta por Sigi Schmid. En los últimos partidos Kamara ya dio su brazo a torcer, readaptando su posición a la de extremo izquierdo, pero los verdaderos problemas de los Galaxy nunca estuvieron en el frente ofensivo, sino en la defensa, una de las más débiles que se pueden encontrar en EE. UU. Ni siquiera reemplazando los tres porteros de 2017 por otros tres en el nuevo año se ha ganado fiabilidad en una zaga en la que Ciani y Cole tratan de suplir con liderazgo en el vestuario sus evidentes limitaciones físicas y técnicas, bien entrados ambos en la treintena.

Ha pasado ya un tercio de la temporada regular, dos meses con el estelar Ibrahimovic en la plantilla, y LA Galaxy continúa fuera de los puestos de playoffs. Cada aparición pública del sueco se analiza con lupa; en unas apunta a la falta de liderazgo de varios jugadores y deja entrever un futuro en el que él será el auténtico referente del equipo y en otras se muestra proclive a potenciar las cualidades de compañeros cada vez más discutidos, caso de Giovani. Ibrahimovic ya conoce las dos realidades de Los Ángeles: en una es una estrella del rock, amado por las cámaras sin nada que envidiar a la sombra del galáctico David Beckham en la década pasada; en la otra, una vez bajado el suflé de aquel histórico 4-3 contra Los Ángeles, es parte de un equipo al que se le ven tantas costuras que por segundo año consecutivo el entrenador vuelve a ser objeto de rumores de destitución, como Curt Onalfo en 2017.

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