1995: Aquel All Star clandestino en Atlanta

La ciudad de Atlanta aún tiene el recuerdo del exitoso All Star celebrado hace unos días entre las figuras de la MLS y la Juventus en el Mercedes-Benz, con récord de asistencia al lujurioso nuevo estadio de la ciudad incluido. En sólo dos años, el estado de Georgia ha asistido a un boom inesperado del fútbol tras el aterrizaje de Atlanta United con Gerardo Martino y su plétora de jóvenes talentos latinos al frente, pero antes incluso de que la MLS se pusiera en marcha, ya había fútbol en Atlanta con su All Star incluido.

En la década de los 90, el fútbol vivía un proceso de reconversión en Norteamérica. Desaparecida en 1984 la NASL original y a la espera de que US Soccer organizara la MLS, requisito de la FIFA para concederles la organización del Mundial’94, la primera división de facto era conocida como APSL. Por allí llegaron a desfilar hasta 32 equipos, algunos todavía vigentes como los Montreal Impact o los Seattle Sounders. Atlanta no tuvo presencia en aquella liga hasta 1995, cuando la misma ya había sido rebautizada como A-League, momento en el que se incorporaron los Atlanta Ruckus, equipo que sólo existió durante dos años.

Fue precisamente en 1995 cuando el All Star de la A-League se celebró en el estado de Georgia, aunque en un escenario mucho más modesto que el Mercedes-Benz, el Adams Stadium, al noreste de Atlanta, con la naturaleza de fondo y un césped que a duras penas se podía considerar apto para el fútbol profesional. El rival elegido era un histórico del fútbol mexicano: Pumas.

Cuatro jugadores locales de los Ruckus formaron parte de aquella convocatoria del All Star: John Doyle, Bruce Murray, Staale Soebye y Lenin Steenkamp. Entre las figuras más destacadas de aquel equipo también cabe recordar la figura de Giuliano Oliviero, centrocampista canadiense de los Vancouver 86ers que llegaba con una racha de seis goles en seis partidos consecutivos.

El método de elección de los jugadores era diferente al de ahora. Si en 2018 han tenido voz y voto los aficionados, el entrenador encargado (Martino) e incluso el comisionado de la MLS, en 1995 eran los propios jugadores los que decidían quién debía representar a la liga frente a Pumas, que se encontraba realizando una gira de partidos amistosos por EE. UU. También acudieron a la cita Paulinho Criciúma (Montreal), especialista reconocido a balón parado en la época, y Dan Calichman (New York Centaurs), el primer estadounidense en jugar en Japón con el Sanfrecce Hiroshima. La portería la defendieron Paolo Cecarelli (Montreal) y Marcus Hahnemann, meta de los Sounders que alargó su carrera lo suficiente como para jugar de nuevo con el mismo equipo en la MLS en 2013 después de haber defendido los colores de los Colorado Rapids en los primeros pasos de la nueva liga haber vivido una trayectoria decente por Inglaterra (Fulham, Reading, Wolverhampton y Everton).

Para preparar el partido, los jugadores se encontraron en el parque Wade Walker, a las afueras de Atlanta, mezclándose en el entorno con el resto de aficionados al deporte que se encontraran en aquel momento utilizando las instalaciones, en las que sigue habiendo más campos de béisbol y tenis que de fútbol.

La atención mediática quedaba reducida a SportSouth, una división regional de la Turner que emitía sobre todo partidos de los Braves de béisbol y los Hawks y los Hornets de la NBA. Hoy, SportSouth pertenece a la Fox. El partido fue además programado un lunes por la tarde y coincidía con un EE. UU.-México de la Copa América’95 que se estaba disputando en Uruguay. Si ya de por sí la presencia del soccer en la vida pública se podía considerar residual, parecía improbable que alguien estuviera interesado en este partido teniendo a Brad Friedel, Marcelo Balboa, Alexi Lalas o Eric Wynalda jugándose unas semifinales con el eterno rival en Paysandú. En aquella convocatoria estadounidense había sólo un jugador de la A-League, el capitán Paul Caligiuri, que defendía los colores de Los Ángeles Salsa. Curiosamente, también había un representante de Pumas, el centrocampista Mike Sorber.

Los contrastes entre el All Star de 1995 y el de 2018 son notables en cualquier aspecto. Si el himno estadounidense fue cantado por la cantante de R&B Ashanti, en el Adams ese honor recayó en una banda de mariachis mientras en las gradas la afición, mayoritariamente mexicana, acudía a los puestos de tacos y burritos instalados para el partido. La expectación existía más por ver en directo a los jugadores de Pumas, entre los que se encontraban Antonio Sancho o Mario Arteaga, que por las estrellas de la A-League.

Los jugadores de la liga estadounidense no tardaron en ponerse por delante en el marcador. Fue Paulinho, la estrella brasileña de los Impact, el que se aprovechó de un mal rechace del portero de Pumas, Sergio Bernal, que le cayó a los pies a Grant Needham y le permitió cedérsela rápido al goleador. Siempre que un equipo mexicano recibe un gol de sus vecinos del norte, ya sea a nivel de clubes, de selecciones o de meros amistosos, el orgullo queda herido. Aquel All Star se convirtió en una sucesión de acercamientos a la portería de la A-League desde el mismo momento del gol. Entre Ceccarelli, Hahnemann y un poste se encargaron de mantener a cero el marcador de Pumas, y ya en el minuto 89 llegó la puntilla por medio de Jason Dunn, de los Sounders, que sirvió para que la A-League se asegurara la victoria.

Fue una victoria de prestigio, y así lo destacaron el defensa de los Atlanta Ruckus John Doyle, mundialista en Italia’90, y el goleador Paulinho al enviado especial del Atlanta Journal Constitution, Mark Schlabach: “Fue un muy buen triunfo porque es un equipo muy joven y talentoso”, comentó el brasileño en referencia a los mexicanos. No le faltaba razón a Paulinho; aunque aquellos Pumas venían de unos años irregulares, tenían en el banquillo al Tuca Ferretti, considerado como uno de los mejores desarrolladores de talento del fútbol mexicano en las dos últimas décadas.

El problema para aquel grupo de All Stars es que su hazaña apenas llamó la atención de los escasos aficionados al soccer que vieran el partido por SportSouth o leyeran la breve crónica de la prensa local, que apenas ocupó media página. Schlabach, su autor, es hoy redactor de fútbol americano universitario para la ESPN y apenas se pronuncia sobre el soccer en sus redes sociales. Para más inri, unas horas más tarde llegó la noticia que terminaría de sumir en la oscuridad el All Star de Atlanta: EE. UU. había eliminado a México en cuartos de final en la tanda de penaltis por 4-1 con un Friedel excepcional en la portería. La selección de las Barras y Estrellas no había alcanzado una semifinal de un gran torneo desde 1930 y la generación de Wynalda, Lalas y compañía empezaba a llamar la atención de todo el mundo en el Cono Sur no sólo por este triunfo, sino también por haberse clasificado como primera de grupo por delante de Argentina. Aquella Albiceleste no contaba con Diego Armando Maradona, que cumplía sanción por dopaje y llegó a alabar el progreso del fútbol en EE. UU., pero sí con Gallardo, Batistuta o Balbo.

La A-League tenía sus días contados con la inminente Major League Soccer esperando a la vuelta de la esquina para tomar su relevo como principal categoría del fútbol estadounidense, y más precipitado aún fue el final de los Atlanta Ruckus, con un cambio de propietario a mitad de temporada que obligó a que el equipo jugara menos partidos incluso de los que tenía programados en la temporada de despedida.

Ya en 1996, el All Star recibió un lavado de cara sensacional, un Este contra Oeste al más puro estilo NBA en el que se dieron cita las nuevas estrellas del soccer: Tony Meola, Jeff Agoos, Carlos Valderrama, Roberto Donadoni y Marco Etcheverry a un lado y Jorge Campos, Cobi Jones, Leonel Álvarez o Erik Wynalda al otro. Más de 78 000 espectadores se reunieron en el Giants, que ofrecía aquella tarde un no menos espectacular segundo plato: un amistoso entre la selección de Brasil (con Roberto Carlos, Rivaldo, Bebeto y Ronaldo) y un All Star seleccionado por la FIFA en el que estaban incluidos Fernando Hierro, Michael Laudrup o Jürgen Klinsmann. De las estrellas que representaron a la A-League y defendieron con todo su triunfo un año antes contra Pumas en el clandestino Adams de Atlanta apenas queda ya un breve recuerdo a pie de página de los libros del soccer. Eso sí, nadie les podrá negar el empeño por mantener viva la llama del fútbol estadounidense en la oscura primera mitad de los 90.

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