La tradicional resurrección de los Sounders

El aficionado de los Seattle Sounders está asistiendo, por tercer año consecutivo, a un fenómeno con visos de convertirse en tradición anual. Desde 2016 es habitual ver al equipo esmeralda protagonizando inicios de temporada regular calamitosos hasta el punto de llegar a una situación límite en la que los playoffs corren serio peligro. Acto seguido, llega la reacción, la remontada de turno y la clasificación hasta la final por el anillo de la MLS. La resurrección de los Sounders vuelve a estar de moda en 2018, para desesperación de muchos.

Aunque el patrón sea el mismo, las circunstancias que lo provocan son distintas en cada año. En 2016, el equipo había llegado a un punto de comodidad en el que apenas había tensión competitiva, lo que terminó con el despido de Sigi Schmid y su relevo por parte de Brian Schmetzer, su asistente hasta ese momento. Coincidió con el fichaje estrella del año, Nico Lodeiro, que abandonó Boca para poner patas arriba la MLS y meter al equipo no sólo en playoffs, sino incluso a conquistar su primer título, la meta siempre soñada pero nunca alcanzada desde que el equipo del estado de Washington se incorporó a la liga en 2009.

En 2017 la temporada regular no fue mucho más brillante, con una racha de 4 victorias en 14 partidos y una irregularidad que terminó dejando muchísimas dudas en la defensa que aún lideraban sin contestación Marshall y Torres. La clasificación matemática para la postemporada llegó únicamente a falta de un partido por disputarse y desde ahí lo demás es historia: dominio de la Conferencia Oeste y una nueva final, aunque en esta ocasión Toronto sí dio el paso adelante que prometía y se llevó el título al norte de la frontera estadounidense.

Seattle nunca ha faltado a los playoffs, una marca que merece la pena ser considerada en una MLS cada día más competitiva y con nuevos tiburones en escena como Los Ángeles, que ha llegado para disputarle algo más que la soberanía ciudadana a los Galaxy. Con la llegada del nuevo año, Garth Lagerwey, el director general del equipo, confiaba en que entre Clint Dempsey, Jordan Morris y Will Bruin sumaran 25 goles que hicieran vivir a los Sounders un año tranquilo. Pocos días después, Morris abandonaba el estadio del Santa Tecla salvadoreño con una lesión de ligamentos cruzados que aún lo mantiene en la enfermería después de medio año, Dempsey sólo ha marcado un gol mientras encadena lesiones y suplencias a sus 35 años y el gol cada tres partidos que ofrece Bruin religiosamente no es suficiente. Llegó el verano y los Sounders parecían otra vez desahuciados.

A los contratiempos en el ataque se sumó la priorización que Lodeiro hizo del Mundial, al que finalmente no acudió; la lesión desde finales del año pasado del capitán Osvaldo Alonso y la de Román Torres, otro habitual de la enfermería lastrado por su poderosa y aparatosa carrocería. El único respiro que los Sounders tuvieron fue la veloz adaptación del surcoreano Kim Kee-hee a la defensa junto a Chad Marshall y la habitual solidez de Frei bajo palos.

De ese panorama fantasmagórico hasta ahora han pasado apenas un par de meses, pero los Sounders ahora lucen una histórica racha de siete victorias consecutivas y diez sin conocer la derrota. La transformación ha llegado, principalmente, desde las botas de Lodeiro. El charrúa, lejos de venirse abajo por no haber sido tenido en cuenta para la lista definitiva de 23 de Óscar Tabárez en Rusia, se ha hecho fuerte en la mediapunta del CenturyLink Field, sin protagonismo que compartir con Dempsey. La química entre las dos estrellas rara vez ha funcionado sobre el terreno de juego; si uno brillaba, el otro automáticamente perdía brillo y pasaba inadvertido, y sin el texano en los onces eso ha repercutido en beneficio del ex de Boca.

También era necesaria la llegada de un delantero. Muchos aficionados le reprochan a Lagerwey no haberlo buscado antes de que empezara la liga, nada más conocerse la ausencia de Morris durante todo el año, pero el directivo se defendía pidiendo paciencia y esperando hasta el verano para hacer la inversión. El nueve no llegó de Europa, como muchos esperaban, sino del sur, concretamente de Morelia, donde Raúl Ruidíaz había cuajado unos torneos más que decentes que le sirvieron para estar presente en Rusia con la selección cruzada. Alejado de la figura del delantero tradicional, los movimientos constantes de Ruidíaz lo sitúan cerca de la estirpe de delanteros como Villa, un incordio permanente para cualquier defensa. A eso se le suma la presencia a sus espaldas de Lodeiro, lo que aumenta el peligro para cualquier portería.

La última victoria ha llegado precisamente en el partido más importante en lo emocional para la afición esmeralda, contra los Timbers. Los de Brian Schmetzer han entrado justo cuando la recta final de la temporada regular asoma en el horizonte en la zona verde, la que da acceso a los playoffs, y parece claro que, independientemente de la posición que ocupen al llegar a la jornada 34, serán uno de los serios candidatos a ganar la Conferencia Oeste. Esta autoridad nuevamente ganada a ojos de afición y periodistas la encarna el hecho de que antes de la llegada de Ruidíaz los Sounders promediaban 0,83 goles por partido y ahora está en el entorno de los 2,5.

En el banquillo de Seattle están ahora de forma recurrente Torres, Dempsey, el español Víctor Rodríguez y Álex Roldán, el hermano pequeño de Cristian, cada vez más líder en el centro del campo. Son revulsivos de garantías cuando Kim, Shipp o Svensson, que se han ganado el puesto con merecimiento, no pueden estar sobre el césped, y esa profundidad también es garantía de que el equipo está en un punto similar al que disfrutó Toronto el año anterior. Garth Lagerwey tiene en su contrato una cláusula por la que, cada cuatro años, el Consejo de la Alianza, un grupo de aficionados con voz propia en la institución, puede renovarlo o no. Fichó por 2015 y su puesto está ahora en manos de dicho Consejo. Lagerwey ha demostrado que ha sabido dar con la tecla un año más para resucitar lo que parecía muerto antes de tiempo. Sólo queda esperar para ver si la montaña rusa del CenturyLink Field entusiasma a sus aficionados tanto como para seguir apostando por ella en 2019.

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