Santi Formoso: “No sabías quién iba a aparecer por el vestuario”

Por Agustín Galán y Jaime Ojeda


Santi Formoso es uno de los tres jugadores españoles que estuvieron presentes en la plantilla de los New York Cosmos en los años dorados de la NASL entre 1970 y 1985. Emigrante gallego, reside aún en Nueva York, la tierra que lo acogió con 16 años y desde la cual pudo defender los colores de las selecciones olímpica y absoluta de EE. UU. en las fases de clasificación para los JJ. OO. de 1976 y el Mundial’78. Ésta es la transcripción de la entrevista que concedió al podcast Se llama soccer, emitida en el especial sobre los New York Cosmos.

‘Se llama soccer’ | 2×07 | Especial New York Cosmos

Llegó a EE. UU. con 16 años. ¿Cómo empieza su historia en el fútbol estadounidense?

Yo había jugado siempre en el mismo equipo que jugó Iago Aspas antes de llegar al Celta, en el Santamarina de Vigo. Con 15 años, casi con 16, emigramos a EE.  UU., y nada más llegar, de casualidad, la casa que había alquilado mi padre estaba a la vuelta de la esquina de un parque y les dije a mis padres: “Voy a salir a conocer el vecindario”. Había unos chavales jugando al fútbol allí. Con mi escaso inglés les dije si podía dar un par de patadas al balón con ellos y me dijeron sí, anímate y tal. Llegaron unos cuantos, hicimos una pachanguita y eran todos gallegos y portugueses. Ahí empezó todo.

En aquella época en la que no había tantos clubes profesionales, sus primeros pasos se dieron en la universidad, que siempre ha sido el punto en el que los deportistas de allí empiezan su carrera.

El punto de inflexión es siempre la universidad en EE. UU., no sólo para el fútbol, sino para el fútbol americano, béisbol, hockey… Para todo. Sí había fútbol en EE. UU., ha habido fútbol desde 1896 y ha habido ligas profesionales. Yo estaba jugando en una liga amateur, pero había diferentes escalas de ligas que ya eran semiprofesionales: alemana, italiana… El fútbol profesional ya existía, pero no al nivel que hay hoy. Existía la liga americana, que todavía existe, hay equipos que llevan ya 80 años de profesionalismo.

¿Cómo fue su etapa universitaria?

Todo tiene su historia. Había enfermado mi padre, había contraído cáncer y yo quería una universidad que me quedara cerca de casa y de categoría, como la de Pensilvania. En aquellos tiempos era la que estaba clasificada como número uno de EE. UU. Jugábamos normalmente los viernes por la noche y teníamos como 15 000 personas viéndonos jugar. Estuve tres años, aunque sólo jugué dos. En el segundo año fui a jugar los Panamericanos en 1975 en México y tuve un pequeño roce con el entrenador, porque coincidían con el inicio de la temporada universitaria y me iba a perder unos partidos. Mi sueño siempre había sido jugar unas Olimpiadas, ser atleta olímpico. Se lo fui a comunicar: “Me voy a perder un par de partidos, me han seleccionado y vamos a ir a México, vamos a hacer una pequeña pretemporada”. Él era el señor que me había ido a buscar, pero su reacción fue muy extraña. “¿Cómo te vas a ir a representar a EE. UU.?” Como diciendo que no fuera, yo no lo entendía. Abandoné el fútbol universitario, me fui a México, regresé y acabé el año escolar.

En 1975 llegó Pelé a EE. UU. y fue como una señal para mí: “Santi, aquí está lo tuyo”. Y así fue. Regresé de los Panamericanos, fui a hablar con mi mentor futbolístico Manfred Schellseidt, que jugó en el Colonia en la Bundesliga. Había sido mi entrenador olímpico y ahí mismo le pedí que me diera una oportunidad para hacerme profesional. Como buen padre adoptivo, me había recomendado que no dejara los estudios porque no me podía garantizar un puesto en el equipo. Yo dije: “Lo único que quiero es que me invites”. En enero fuimos a Alemania a hacer una pretemporada y ya estuve de titular con los Connecticut Bicentennials.

Alan Waldron (Chicago Sting) y Santi Formoso (Connecticut Bicentennials), 1976 [Fuente: 1970s Soccer USA]

Ése es el momento en el que el equipo cambia de localización, algo habitual en EE. UU. No sé si eso le chocó y lo llevó seguir buscando equipos por la Costa Este.

Ya había fallecido papá, falleció en 1974 y no quería irme muy lejos de mi familia, de mi madre y mis hermanos. Ahí ya estaba jugando, fue en 1976, 77… Ya me había llamado la selección grande, al entrenador asistente de los Cosmos lo conocí a través de la selección mayor. En un partido tuve la… Bueno, siempre son casualidades en la vida. Jugaban los Fort Lauderdale Strikers con Gordon Banks en la portería y con el cañonero Müller de delantero centro, jugaba el peruano Cubillas… Tenían un equipazo. Les metió el Cosmos siete. Yo estaba en ese partido, estaba en el tercer nivel viendo el partido, me reuní con ellos y le dije: “Echadme una mano” al asistente. No quería abandonar el equipo, pero se iba a Oakland. Era como volver a España, la misma distancia. Para eso prefería volver a España, pero si podía encontrar un equipo cerca en Boston, Filadelfia, Washington, Rochester… Había varios equipos en la Conferencia Este. “Santi, no te preocupes, lo vamos a arreglar”. En cosa de días nos llamaron para ir de gira con los Cosmos por la despedida de Pelé por todo el planeta. Ahí empezó todo el follón.

En aquel equipo, en esa gira asiática del 77, coincide con Beckenbauer, con Carlos Alberto, con el mismo Pelé… Aquel era un equipo de mucho glamur, de muchas estrellas, se les comparaban con estrellas del rock y se codeaban con todo tipo de celebridades.

Yo no había conocido ese ambiente, yo salí con ellos justo a finales de septiembre. Hicimos una gira por China, Corea, Japón… No había llegado Johan Neeskens, ni Marinho ni Seninho. Había que reforzar al equipo y entonces se hacía a golpe de chequera. No sabías quién iba a aparecer por el vestuario. Fue muy interesante para mí, porque eran mis ídolos del fútbol.

En aquel momento no estaba la NASL tan regulada como la MLS, llegaban los jugadores con un caché impresionante. Las diferencias salariales serían mucho más abismales que hoy.

Bestiales. Los únicos que ganaban buen dinero eran los extranjeros, yo estaba considerado como americano. Estábamos allí para rellenar. En mi situación personal nunca estuve obsesionado por el dinero, yo estaba obsesionado con jugar, viajar por todo el mundo, representar a EE. UU., representar al Cosmos y conocer el planeta. Al dinero no le daba mucha importancia.

En lo deportivo sí le fue bien. Es el primer deportista español que tiene un anillo de una liga estadounidense. ¿Cómo fue el 78?

Fue increíble. Llegaron jugadores de un caché impresionante, una experiencia única. Lo que menos me esperaba cuando migré a EE. UU. es que iba a acabar jugando al fútbol y hacerlo en el Cosmos con todos los monstruos que había. Fue impresionante, pero no solamente la parte futbolística, sino también con quién salíamos de fiesta, no sólo con artistas de cine o gente de la música. Para mí quizá lo que más orgullo me dio fue conocer a la familia Kennedy y haber trabajado con la matriarca Ethel. Me movía en un ambiente espectacular para un emigrante. Yo me pellizcaba, no me lo creía, no puede ser que un día estés con un artista de cine, otro día un cantante, al otro día con los Kennedy. Nadie se lo creía.

Era una mezcla tan loca en la que se mezclan figuras como los Kennedy con alguien tan estrambótico como Chinaglia.

Él no estaba tan involucrado en eso. Yo sí, porque tenía como una obligación. EE. UU. me había dado tanto… Me había ofrecido estudios, me había enseñado el planeta Tierra, la movida en la que andaba metido. Tenía que devolverle algo y mi forma de hacerlo era ayudar a la gente que no era tan afortunada como yo. Trabajé mucho con la gente del campo en un programa que se llamaba Goals for Youth con la gente migrante que venía a recoger las cosechas. Estuve muy involucrado en ese tipo de situaciones. Más que nada, por agradecimiento de lo que habían hecho por mí. En ese ambiente estaba metido, a través de eso llegué a conocer a los jugadores del equipo de baloncesto, del fútbol americano, del hockey… Nos juntábamos para ir a comer, lo que fuera. Eran unos tiempos especiales.

Hablemos de su paso por la selección de EE. UU. Jugó esos Panamericanos de 1975, la clasificación para el Mundial’78 y se acabó su periplo con el equipo por diferencias con el entrenador.

Fue una pena, me lo perdí yo. Más que nada por un pequeño rifirrafe que tuvimos el entrenador y yo cuando veníamos de jugar la clasificación, el último partido para el Mundial 78 [N. del R.: Derrota contra Canadá por 3-0 en Haití]. Le canté las 40 y la gente de la federación quería que yo hiciera las paces. Ellos venían siempre al estadio, me pedían: “Santi, pídele perdón. No seas así”. El gallego en mí no daba el brazo a torcer y eso me lo perdí yo. Lo demás que me perdí fue el de 1982 en España.

Selección olímpica de EE. UU. en 1976. (Fuente: nasljerseys.com)

Dentro de todas las estrellas que pasaron por el Cosmos, hubo una que estaba llamada a ser parte del equipo, pero al final terminó en los Aztecs: Johan Cruyff.

Fue fichado, fue un canje… No, ni un canje. El Cosmos dijo que teníamos demasiadas estrellas, necesitaba la liga tener una presencia en Los Ángeles. Ya estaba jugando allí Georgie Best. Como había cuatro o cinco holandeses en los Aztecs y en el centro del campo nuestro estaban Beckenbauer, Neeskens, Bogicevic y Marinho. Vamos a tener que sentar a dos de estos en el banquillo. Detrás de él me fui yo.

Con la mala suerte de que cuando ficha usted por los Aztecs se marchó Cruyff.

Para mí siempre fue un jugadorazo, el mejor de mis tiempos definitivamente. Me fui a Los Ángeles, estaba un poquito cabreado porque ni siquiera me lo consultaron. Bueno, por lo menos voy a jugar con Johan. No sucedió, ya se había empezado a jugar fútbol indoor, jugué todo el invierno y después fuimos a México a hacer la pretemporada y ya no vino, ya se había ido. Me quedé con las ganas. Me habría gustado haberlo tenido de compañero, aunque sólo fuera una temporada. Jugué dos partidos contra él que los tengo en la retina, pero eso me habría gustado.

En aquella plantilla coincidió con otro hijo de emigrantes, Javier el Vasco Aguirre.

Sí, hombre, sí; fuimos compañeros.

¿Le veía el gen de entrenador?

No se lo veía, después lo desarrolló. Era muy buen jugador, jovencito, pero no lo veía. Nunca lo volví a ver después de eso. Me fui de Los Ángeles de una manera un poquito quisquillosa por cosas

Era un tipo con carácter…

Cosas que pasan en el fútbol. Empezamos en marzo, había empezado todos los partidos de titular y venía el Cosmos a jugar contra nosotros. Yo con unas ganas de jugar ese partido… Llevaba un mes pensando en ese partido, me los iba a comer a todos. El señor Michels me mandó sentar arriba. Me dijo: “Hoy descansas”. Y me fui. Hablé con los dirigentes de TV Azteca, me dijeron: “Vete a Acapulco, juegas con el América en México, tranquilo, no te pongas así”. Y yo: “No, esto ya no es para mí, a mí no me toma el pelo nadie”. Se me cruzaron los cables. Me fui a casa y dejé el fútbol.

¿Tuvo una oferta del América?

Eran los mismos dueños, me dijeron que me fuera y que estuviera tranquilo, que ese señor no iba a estar allí el año siguiente. No tengo paciencia para esas cosas. Tenía toda la ilusión del mundo de jugar con Johan, después este señor me quiso tomar el pelo. Esto no es el Barcelona, esto es Los Ángeles. Cogí el coche y me vine a Nueva Jersey. No había entrado por la puerta y saltó la noticia por todos lados, me llamaron de Houston: “Santi, por favor, nos va muy mal, vente aquí”. “No, que no quiero jugar, estoy aburrido de esto”. Al final fui [a los Houston Hurricanes], tuvimos una buena temporada. Aquel equipo se fue al tacho.

También le llegó alguna oferta de España para regresar.

Sí, eso fue antes. Había venido el Barcelona. Cuando vino Neeskens quisieron llevarme para el Barça. Antes me llamaron del Madrid, del Atlético… Vivía en Nueva York, jugaba donde todos los grandes jugadores querían ir. No le veía ningún sentido a regresar a Europa. Tenía toda mi familia y mis amistades, me había criado aquí.

Los malos manejos por parte de la directiva llevaban a los equipos a la desaparición en la NASL. ¿Veía quera era una liga condenada a fracasar?

No estaba condenada, pero estaba… Ay, necesitamos tres días para hablar de esto. Uno de los factores más importantes por los cuales ellos fracasaron fue porque pararon. No había sistemas de comunicaciones como los de hoy, ni cadenas privadas. Lo controlaban cuatro cadenas en EE. UU. Cada una tenía los derechos del béisbol, del fútbol americano, del baloncesto y del hockey. No había una quinta cadena para el fútbol. Cuando se negociaba con la liga de béisbol, esto es verídico, el Canal 7, que era el más potente, le hizo una contraoferta: “Si ustedes no firman el contrato por 700 millones de dólares -pongamos- paramos el fútbol”. Lo que no sabían, ni habían hecho sus deberes, es que los mismos dueños del béisbol eran los dueños del fútbol. Ellos dijeron: “¿Nos van a matar la gallina de los huevos de oro? Ni de broma”. No contrataron las grandes estrellas, sino que trajeron jugadores mediocres para subir el precio de las entradas, así de sencillo. No tiene mucha más complicación.

Por motivos diferentes, se acabó cerrando el funcionamiento de la más reciente NASL, en el intento de resurgir aquella competición.

Eso fue aún más descarado, fue la federación. Le habían dado estatus de segunda división a la NASL, y de un año a otro les dijeron que era la tercera. Un cachondeo, una broma. El dueño del Cosmos se enfadó y hay un caso en la corte pendiente.

Santi Formoso y Rocco B. Commisso, propietario de los NY Cosmos, 2017 (Fotografía: David Kilpatrick)

¿Considera al actual Cosmos como el heredero?

El nombre, nada más. Se llevaron los trofeos, las leyendas, las películas y todo, pero no tiene que ver uno con el otro. Yo lo quiero porque es el Cosmos.

¿Los ha ido a ver alguna vez?

He ido un par de veces.

¿Desde el propio club le reconocieron o le hicieron algún tipo de homenaje por haber sido parte del original?

No, pero habíamos ido un montón. Siempre fui al primer partido de la temporada, iba Pelé… Venían los que venían, los que estaban accesibles. Hubo unos pequeños homenajes. Se perdió un montón porque el marketing en el fútbol es EE. UU. es quizá la parte más importante del fútbol. Fíjate, la MLS está jugando y está teniendo éxito en lugares como Seattle, Portland, Los Ángeles, Atlanta… Están metiendo 50 000 o 60 000 personas, que ya es decir, sobre todo para un fútbol muy rústico todavía.

¿A qué se dedica hoy Santiago Formoso?

Santi Formoso se dedicó al mundo del transporte por los últimos 38 años. Empecé de taxista en Nueva York, después compré unas acciones en una compañía de transporte de ejecutivos. De ahí me gustó tanto y lo encontré tan fascinante que compré una compañía de limusinas. A finales del último siglo lo vendí todo porque eran 24 horas al día, siete días a la semana y no podía. De vez en cuando hago trabajitos personales, conduzco las limusinas todavía y un par de años atrás hice un poquito de Uber, pero sigo al volante. Estoy a tiempo de retirarme.  

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